Como servir el Champagne

Como servir el Champagne

En esta lección vamos a hablar como deberíamos realizar el servicio más correcto y discreto de una botella de Champagne. Aquí hay muchas escuelas y estilos diferentes, nosotros apostamos por la que nos propone nuestro amigo y gran sumiller Alberto Segade. Os mostramos un Vídeo donde lo explica y después haremos algunos comentarios al respecto.

¿Cuál es la temperatura idónea para disfrutar de una botella de Champagne?

Es una pregunta difícil de responder por varias cuestiones, la primera porque depende mucho del gusto de la persona que se la va a beber, en España, un país normalmente de temperaturas elevadas nos gustan la bebidas frías, a casi todos los refrescos les añadimos hielo, las cervezas las bebemos gélidas incluso muchos las sirven con copas heladas en el congelador, y en el caso de los vinos blancos y espumosos tenemos la idea de servirlos más fríos de lo que sería recomendable. Los técnicos aquí hablan de una temperatura ideal de entre 6 y 8 º, aunque lo cierto es que cuando el champagne ha pasado muchos minutos en una cubitera con agua y hielo, los estamos consumiendo a temperaturas mucho más bajas, entorno a los 2 º.

Pero si nos vamos a países más septentrionales las bebidas se consumen a temperaturas más altas y por supuesto el vino y el Champagne en particular también. Un sumiller en Francia te diría que un champagne debería consumirse entre 8 y 10 º.

Por debajo de los 8 o 6 grados los vinos están demasiado fríos y tienen un efecto anestesiante de las papilas gustativas. Además aromáticamente estarán cerrados y poco expresivos.

Por el contrario, por encima de los 10°C el champagne puede llegar a parecer pesado en boca y perder la viveza que los caracteriza. Y además esa temperatura alta es la que suele provocar que al descorchar una botella de espumoso este salga en estampida de la botella y se tenga una pérdida del mismo, con el consiguiente estropicio que esto provoca.

Otro tema es de la medición de la temperatura, en todos los libros se hablan de temperaturas idóneas pero ninguno nos vamos a un bar o restaurante y vamos con un termómetro en el bolsillo para calibrar, no nos faltaba más para ser más frikis de lo que ya somos. Todo es cuestión de gustos e ir buscando el equilibrio personal.

Si es posible no metáis la botella en el congelador, es un castigo muy fuerte para el vino que puede afectarlo tanto a nivel de efervescencia como organolécticamente hablando. Todo con la mayor delicadeza posible, seamos previsores, mejor meter el champagne en el frigorífico unas horas antes si no lo conserváis en la temperatura idónea.

Personalmente me parece genial la forma en la que Alberto enfría la botella colocando hielo solo en la parte inferior de la cubitera. Si tenemos opción como veíamos en vídeos anteriores de Alberto, tengamos el champagne guardado y conservado en la parte más fresca de nuestra vinoteca o bodega. En momento del servicio la podemos poner en la cubitera con hielo en la base, la parte de la botella más cercana a la boca que es la primera que consumiremos tendrá algún grado más que nos permitirá disfrutar de aromática del vino, conservando más fría la cantidad que nos va quedando en la botella. Si el champagne no estaba en la temperatura idónea o por tu gusto personal lo prefieres más frío, es perfecto también el incorporar agua y más hielo a la cubitera, cubrir la botella y conseguir una mayor bajada de la temperatura. Ir jugando con la temperatura según vais avanzando con la botella, si el vino se enfría mucho dejarlo fuera un rato y viceversa, cuando se suba demasiado volver a meter en la cubitera. Utilizar vuestro paladar y nariz como termómetro, ellos son los que tienen que definir la temperatura idónea.

temperatura de servicio de un vino

¿Y cómo servimos un Champagne?

A la hora del servicio, si metéis la botella en la cubitera con agua, cuando la saquéis por favor no enroquéis el trapo o el lito sobre la botella, es una imagen un tanto anticuada, me empalaga un poco. Secarla bien y servirla desnuda. Sujetarla por la base no por el cuello, la mano se cansa menos y no se calienta el interior.

Personalmente el servicio del espumoso en la copa lo suelo variar en función del tipo de champagne que estemos consumiendo. Normalmente lo suelo hacer con la copa inclinada para que el champagne se deslice sobre el cristal y no genere demasiada espuma tratando de evitar una perdida precipitada que pueda afectar a la textura en boca del vino. Sobre todo cuando se trata de champagnes longevos. Sin embargo cuando se trata de champagnes jóvenes, con una fecha de degüelle muy cercana, no me importa hacerlo con la copa en vertical y que se provoque una hemorragia de espuma, sirviéndolo en dos vuelcos para que no se precipite. En cierta medida esto ayudará a sentir el espumoso menos tumultuoso en boca, que la burbuja este menos presente, impidiéndonos percibir el resto de cualidades del vino.

A mi me gusta no llenar mucho la copa, servir de poco en poco para el champagne se mantenga siempre fresco. Cuando se utilizaban copas tipo flauta, lo cánones marcaban un protocolo de llenarla las 2/3 partes para disfrutar del rosario de burbujas. En mi caso, no me molan las copas de flauta y me abruman las copas demasiado llenas. Insisto que no me preocupa la burbuja en fase visual, la única que me importa es la que dará textura y viveza en la boca.

Por último hacer un breve apunte sobre si es positivo abrir la botella con anticipación o incluso llevar a cabo una decantación del Champagne. El Champagne es un vino de larga crianza y por tanto después de tanto tiempo encerrado en un ambiente reductivo le costará un tiempo en adaptarse al exterior. Por ello aunque lo más habitual en el caso de los vinos espumosos es servirlos inmediatamente después de abrir la botella, no es nada descabellado pensar que lo óptimo sería abrir la botella algún tiempo antes de su consumo o incluso airearlo (no decantarlo, el vino después del degüelle estará plenamente limpio) en un decantador. Esto le permitirá abrirse y mostrar todas sus cualidades aromáticas.

Personalmente soy poco aficionado de la decantación en general (aunque soy consciente de sus beneficios), me gusta sentir los aromas reductivos del vino después del descorche e ir disfrutando de su evolución según vamos consumiendo la botella. Aun así no descarto una aireación del Champagne, pero a diferencia de los vinos tranquilos, soy partidario de hacerlo con los champagnes jóvenes en lugar de con los viejos como sería canónicamente, sobre para evitar esa efervescencia exagerada que antes comentamos al servirlo en la copa, la aireación puede ayudarnos a domar el bravío de casi 6 atmosferas encerradas en el interior de la botella tanto tiempo.