Hablar de Francoise Bedel es hacerlo de uno de los vignerons más originales y con más historia de toda la región de Champagne. Es uno de los verdaderos pioneros de la viticultura biodinámica en la región, cuando eran poquísimos valientes los que se atrevieron a hacerlo a finales de los 90. Hoy en día todos son auténticos referentes y algunas de las bodegas más famosas de la región como Jerome Prevost, Larmandier Bernier, Vouette et Sorbee, David Leclapart, Fleury, Benoit Lahaye…
Hablamos de un vigneron que se mueve fuera de toda moda, que no le preocupan las tendencias del champagne actual, sigue fiel a su estilo que lleva defendiendo más de 30 años: la mejor materia prima, madurez de la uva, vinificación en los tradicionales depósitos de acero esmaltado, largas crianzas con lías, mostrar la esencia de su territorio y de la variedad de uva que allí impera, la Meunier, seguir utilizando el dosage (por qué no?) y conseguir con ello champagnes cargados de personalidad e identidad propia.
Tiene aún mucho más mérito haberse convertido en todo un referente estando ubicado su viñedo en una subregión completamente alejada de las zonas nobles de Champagne, en el extremo más al oeste del Valle del Marne. Allí posee 9 ha de viñedo en los pueblos de Crouttes-Sur-Marne, Nanteuil-Sur-Marne, Charly-Sur-Marne y Villiers-Saint-Denis, todos ellos trabajados biodinámicamente desde finales de los 90, situados a ambos lados del río, sobre los característicos suelos arcillosos calcáreos que dominan esta región.
La vinificación se realiza en barrica, pero sobre todo es los tradicionales depósitos de acero esmaltado, y los vinos están fuertemente influenciados por su larga crianza sobre lías (todas sus cuvees tienen una crianza mínima de 5 años).
El gran Peter Liem habla así de los champagnes de Francoise Bedel: “Sorprendentemente originales en personalidad, los champanes de Bedel son intensamente expresivos del suelo, lo que refleja los terroirs de arcilla y piedra caliza de esta zona del Marne, y muestran una vitalidad y energía que a menudo es común a los vinos biodinámicos de todo el mundo. El predominio de la variedad Meunier en estos champagnes les confiere cierto peso, especialmente combinado con suelos arcillosos, y su larga crianza sobre lías amplifica su sensación de profundidad. Son vinos densos y sustanciosos, que necesitan aire para expresarse por completo”.








