El Especialista en Champagne

Champagne fuera de lo común. Y a un precio imbatible.

Leía estos días un artículo sobre la adaptación y evolución que han sufrido algunas prendas de vestir. El ejemplo perfecto son las chaquetas de los trajes. No me digáis que alguna vez nos os habéis preguntado para sirven esos curiosos pliegues ubicados en la pechera conocidos como solapas.

Antiguamente estas servían para doblarse hacia el interior y cubrir el pecho y el cuello en los días de frío, de ahí que siga existiendo ese ojal característico que permitía introducir un botón y mantener unidas ambas partes una vez que estas se plegaban.

 

Con la aparición de los gabanes y chaquetones que se ponían encima del traje, la función de abrigo de la chaqueta desapareció, pero sin embargo las solapas y el ojal se siguen manteniendo, conservando de esta manera la esencia primigenia de la chaqueta.

 

Dentro de esa evolución de las prendas de vestir, el ojal de la chaqueta ha recobrado una nueva utilidad, hoy en día lo usamos básicamente para colocar insignias y medallas de todo tipo. En algunos casos para identificar marcas comerciales a las que representa la persona que lo luce en su solapa, pero sobre todo se utiliza para reconocimientos varios, inicialmente se empleaba para reconocer logros al valor, o deportivos, o al bagaje de una larga carrera profesional. Últimamente se nos está yendo de las manos, nos encantan las medallas, nos encantan los reconocimientos, nos encanta presumir de ellos, y lo que es más importante al público en general le encanta y valora mucho a los reconocidos por una medalla.

 

En el mundo del vino también nos hemos convertido en fervientes admiradores y demandantes de medallistas. No hace falta más que ver la mayoría de los anuncios en prensa o radio en los que se publicitan los vinos de mayor producción y consumo en los que se vanaglorian de las diferentes medallas en los certámenes internacionales más “prestigiosos”. Creámoslo o no, el consumidor final que no tiene demasiado conocimiento de la realidad del vino, además de por el precio, se deja llevar por reconocimientos de este tipo.

 

Incluso el friki de turno que nos consideramos agnósticos de los vinos que lucen medallas, al fin y al cabo, tarde o temprano también nos dejamos llevar por las medallas a la hora de comprar, quizás no sean medallas físicas de los premios menganito, pero sí nos dejamos influenciar lo queramos o no, por las recomendaciones o puntuaciones del gurú de turno, que en pocos días es capaz de convertir un vino desconocido hasta la fecha en un auténtico unicornio.

 

Insisto, reconozcámoslo, nos gustan e influyen las medallas, incluso al propio creador de vinos.

 

Por eso cuando te cruzas con un productor realmente auténtico, de sencilla y humilde personalidad, que vive ajeno a toda clase de modas, eventos, reconocimientos mediáticos y medallas, que tiene focalizada su vida plenamente en su familia, en su viñedo y en sus vinos, sonríes, asientes y te conviertes en ferviente admirador.

 

El arquetipo perfecto de lo anteriormente descrito es Vincent Charlot.

 

En cuanto tienes en tu mano una de sus botellas y observas sus etiquetas te das cuenta de que “se la sopla todo”, su imagen no tiene absolutamente nada que ver con las del resto, con los diseños limpios y elegantes que demanda actualmente el mercado. Y cuando descorchas ese champagne te lo ratifica aún más, aquí hay personalidad a raudales, nada de seguir esas pautas en tendencia de tensión, verticalidad, no dosage, elegancia… que sobrevaloran hoy en día los líderes de opinión y en cascada el mercado más sofisticado.

 

Aquí lo que sí que hay es un trabajo en el viñedo acojonante, una búsqueda al límite de la madurez de la uva para dotar de profundidad a sus vinos y tratar de que estos muestren el carácter de su lugar origen.

 

En este pequeño vigneron se concentra toda la esencia de la verdadera biodinámica, como forma de vida, como herramienta para conseguir vinos singulares con una personalidad distinta.

 

Te pueden gustar o no gustar sus champagnes (a nosotros nos apasionan), pero lo que nadie puede negar es que son absolutamente diferentes.

 

Champagnes

 

Fruit de ma Passion 2019. Acabamos de recibir la extraordinaria añada 2019 (sin duda la mejor de la última década) del champagne bandera de Vincent Charlot, la perfecta expresión del champagne del Valle del Marne, un vino que no deja de crecer en cada añada y que no deja indiferente a nadie. 55% Pinot Meunier y el 45% restante consiste en una proporción aproximadamente igual de Chardonnay y Pinot Noir. Fantástico. Aprovechemos por favor esta enorme añada!!

 

Meunier de Moussy Millesime 2019. También llegó la 2019 de esta fantástica cuvee 100 % Meunier elaborada a partir de una parcela en el Premier Cru de Moussy (en la subregión de la Coteaux sud Epernay). La mejor manera de descubrir el mundo de la Meunier.

 

La Dune Millesime 2019.  Esta es una de las viñas fetiche de Charlot, La Dune, una pequeñísima y vieja parcela de 0,28 ha ubicada en su pueblo, en Mardeuil, plantada en 1959. También 100 % Meunier.

 

Rose Rubis de la Dune millesime 2014. A partir de esa misma vieja viña Vincent ha elaborado este singular Rosé de Sangrado 80 % Meunier y 20 % Pinot Noir con una muy larga crianza sobre lías (6-7 años).

 

Les Gouttes d’Or Millesime 2018. Uno de esos champagnes biodinámicos con una relación calidad-precio-disfrute insuperable. 50% de Chardonnay- 25% Pinot Noir & 25% de Pinot Meunier. Millesime 2018 surgido a partir de 2 pequeñas parcelas en las laderas que circundan la ciudad de Epernay.

 

Cuvee Elia BdB 1er Cru millesime 2017. Cuvee Elia siempre ha sido uno de nuestros champagnes parcelarios favoritos del maestro Charlot. 100 % Chardonnay del Valle del Marne, algo muy poco común y difícil de encontrar (normalmente dominado por la Meunier y la Pinot), procedente de una pequeña parcela en el Premier Cru de Pierry.

 

Cuvee Nicolas BdN 2017. La gran apuesta de este vigneron por la todopoderosa Pinot Noir, un ensamblaje de 95 % Pinor Noir y 5 % Meunier proveniente de 2 pequeñísimas y viejas parcelas en el pueblo de Mardeuil. Añada tras añada se convierte en una de las cuvees más demandas de la bodega.

 

Cuvee L´Extravagant 2019 sans souffre. Un champagne de muy limitada producción, un máximo de 600 botellas al año confeccionado a partir de 2 de las mejores parcelas de Vincent Charlot, “Les Basses Ronces” (Mardeuil) y “Clos des Futies” (Epernay), ambas con subsuelo de tiza. Sin maloláctica, sin clarificación ni filtración, sin apenas dosage y sin sulfuroso añadido. Algo especial.

 

Cuvee Clos des Futies 2012.  La cuvée top de Vincent Charlot, apenas 900 botellas elaboradas cada año a partir de un pequeño pequeño de 1.800 m2 situado en una ladera muy empinada a las afueras de Epernay, con una perfecta exposición este. 80 % Chardonnay y 20 % Pinot Noir. Champanazo de la gran añada 2012.

 

Cuvee 7ém Ciel Millesime 2018. Uno de esos champagnes singulares elaborados a partir de las 7 variedades de uva autorizadas en Champagne (Chardonnay, Pinot Meunier, Pinot Noir, Petit Meslier, Fromentaux, Arbane, Pinot Blanc). Algo excepcional que solo conocemos en 4 o 5 casos en toda la región de Champagne. Hay que probar esto.

 

L’Or des Basses Ronces Blanc de Blancs Millesime 2015. Nueva añada con 7 años de crianza sobre lías, de este millesime que año tras año suele obtener las mejores puntuaciones entre los vinos de Charlot. Una profunda y elegante chardonnay procedente de una parcelita próxima a la bodega en el pueblo Mardeuil (Valle del Marne).

 

L’Astrale Millesime 2019. Por último, la gran novedad de la bodega elaborada por primera vez en la gran añada 2019. Chardonnay 100 % producido a partir de la misma base que la cuvee L’Or des Basses Ronces (una pequeña y vieja parcela en Mardeuil, orientada al norte, donde la roca madre de tiza surge a los 30 cm), pero en este caso fermentado y criado en ánforas de barro. Complejidad y gran potencial de evolución en botella.



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